
Jordy Angulo: una vida de servicio en la Casa de la Alegría

Durante más de diez años, Jordy entregó incontables horas de su vida al Centro Don Bosco de Pérez Zeledón y a sus jóvenes. Hoy queremos recordarlo no por la forma inesperada en que partió, sino por la manera extraordinariamente sencilla en que vivió: sirviendo, acompañando, formando, escuchando y regalando alegría.
Hay personas que pasan por un lugar y hay personas que se vuelven parte de él.
Para nosotros, Jordy Angulo Serrano fue parte del Centro Don Bosco.
Durante más de una década compartió su tiempo, sus talentos, su fe y, sobre todo, su corazón con generaciones de niños, adolescentes y jóvenes que encontraron en esta casa salesiana un espacio para crecer, hacer amigos, encontrarse con Dios y descubrir que también ellos podían poner su vida al servicio de los demás.

Su partida nos duele profundamente. Pero en medio del dolor queremos hacer algo que creemos que Jordy entendería muy bien: dar gracias y recordar con alegría.
Porque si algo nos enseñó fue precisamente eso.
“Un día sin una sonrisa era un día perdido.”
No era solamente una frase que le gustaba repetir. Quienes lo conocimos sabemos que era una manera de vivir.

Más de diez años diciendo sí
Hablar del servicio de Jordy en el Centro Don Bosco es difícil porque no cabe fácilmente en una lista.
Fueron incontables horas preparando actividades con los jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano. Retiros espirituales, encuentros, obras de teatro, formaciones para coordinadores, celebraciones eucarísticas, reuniones, convivencias y tantas otras actividades que comenzaron mucho antes de que llegaran los participantes y terminaron mucho después de que todos regresaran a sus casas.
Detrás de muchas actividades hubo reuniones, ensayos, conversaciones, carreras de último momento, problemas que resolver y jóvenes que necesitaban aprender a asumir responsabilidades.
Y ahí estuvo Jordy.
No solamente participó. Formó a otros para que también pudieran servir.

A lo largo de los años capacitó y acompañó a numerosos líderes juveniles, compartiendo con ellos experiencia, paciencia y confianza. Mucho de su trabajo no quedó registrado en fotografías ni programas. Quedó en algo mucho más importante: en personas que aprendieron a coordinar, acompañar, escuchar, organizar, servir y luego enseñar a otros.
Por eso, después de su partida, una expresión apareció una y otra vez entre quienes lo conocieron: Jordy dejó huella.
Una madre agradeció públicamente aquel “sí sin medida” con el que estuvo disponible para sus hijos, recordando sus consejos, enseñanza, paciencia y alegría. Otra familia destacó su generosidad y permanente disposición para ayudar. Y uno de los mensajes quizá resumió mejor lo que muchos sentimos: “su entrega a los jóvenes fue reflejo del corazón de Don Bosco”.

Mucho más que organizar actividades
Pero sería injusto medir lo que Jordy hizo solamente contando retiros, reuniones o actividades.
Su mayor servicio muchas veces ocurrió en silencio.
Jordy llegó a convertirse en esa persona a la que muchos jóvenes sabían que podían acercarse cuando algo no estaba bien.
Cuando había estrés.
Cuando había ansiedad.
Cuando alguien estaba enojado.
Cuando existían problemas personales.
Cuando simplemente necesitaban hablar con alguien que no los juzgara.
Muchos sabían que podían buscarlo y encontrarían escucha, tranquilidad y una palabra que ayudara a poner las cosas nuevamente en perspectiva.
Los testimonios publicados después de su muerte coinciden precisamente en eso. Amigos y personas que compartieron con él lo recordaron como alguien siempre dispuesto a ayudar, escuchar y acompañar. Otros hablaron de su cercanía, su calidez humana, su sencillez y su facilidad para establecer amistades.
Ese acompañamiento difícilmente puede contarse en horas.
Pero puede verse en las vidas que tocó.

La alegría no era decoración
Hay una imagen de Jordy que para nosotros tiene ahora un significado especial.
Él fue una de las personas que ayudó a pintar el mural que recibe a quienes llegan al Centro Don Bosco y que proclama una de las identidades más queridas de nuestra casa:
La Casa de la Alegría.
Quizá en ese momento era simplemente otro trabajo que había que hacer. Pintura, brochas, manos trabajando juntas y una pared que transformar.
Hoy es imposible mirar esas palabras de la misma manera.
Porque una de las manos que ayudó a escribir físicamente “La Casa de la Alegría” pertenecía a un joven que dedicó buena parte de su propia vida a hacer realidad esas palabras.
Jordy entendía la alegría salesiana no como ausencia de dificultades, sino como una forma de acompañarlas.
Por eso tenía tanto sentido aquella frase que repetía: “Un día sin una sonrisa era un día perdido.”
La sonrisa fue parte de su manera de recibir, de enseñar, de corregir, de escuchar y de servir.
La comunidad lo recuerda como un joven de “sonrisa sincera”; quienes hablaron de él después de su partida insistieron una y otra vez en su alegría, su servicio y su disposición hacia los demás.

Un corazón que servía también fuera del Centro Don Bosco
El servicio de Jordy tampoco terminaba al salir del Centro.
Trabajó como asistente de personas con discapacidad y llegó a desempeñarse como coordinador de asistentes personales en Centro Morpho. Allí también dejó una profunda huella por su dedicación, calidez y capacidad para construir amistades. Centro Morpho señaló que esos vínculos permanecerían entre quienes compartieron con él.
ADEINVI, organización vinculada a personas con discapacidad en Coto Brus, también lo recordó como una persona dispuesta, generosa y llena de alegría que había dejado huella en muchas vidas.
Y hay un pequeño testimonio anterior que hoy resulta especialmente valioso.
En 2020, muchos años antes de que su nombre apareciera en los medios por una tragedia, el podcast de Centro Morpho presentó a Jordy de una manera mucho más cercana a como queremos recordarlo: coordinador de asistentes personales, líder de jóvenes, hombre de familia, imitador extraordinario, amante del fútbol y de la buena lasaña.
Ese también era Jordy.
No solamente el coordinador o el servidor.
El amigo.
El que bromeaba.
El que hacía reír.
El que disfrutaba descubrir lugares nuevos.
El amante de la naturaleza y la aventura.
El hijo, hermano, compañero y amigo que tenía una vida llena de personas, proyectos y sueños.
La semilla que queda
Tal vez una de las imágenes más hermosas que surgieron estos días fue la de una madre que, al ver llorar a sus hijos por la partida de Jordy, habló de la semilla de fe, alegría y servicio que él había dejado en la familia salesiana.
Creemos que ahí está su verdadero legado.
Porque Jordy capacitó líderes, pero esos líderes hoy acompañan a otros jóvenes.
Jordy dio consejos, pero muchas de aquellas palabras siguen siendo recordadas.
Jordy preparó actividades que terminaron hace años, pero algunas cambiaron vidas.
Jordy ayudó a construir la Casa de la Alegría, no solamente con pintura, sino con su presencia.
Y Jordy acompañó a jóvenes que hoy son adultos y que llevan consigo algo de lo que recibieron de él.
Eso significa que su servicio continúa dando frutos.
Gracias, Jordy
Como Centro Don Bosco, hoy queremos decirte gracias.
Gracias por más de diez años de servicio.
Gracias por cada reunión y cada actividad.
Gracias por las horas que nadie contó.
Gracias por formar líderes.
Gracias por los retiros, las obras de teatro, las formaciones y las Eucaristías que ayudaste a preparar.
Gracias por cada joven al que escuchaste.
Gracias por cada momento en que ayudaste a alguien a encontrar calma cuando por dentro había preocupación, ansiedad, enojo o tristeza.
Gracias por tu paciencia.
Gracias por tu generosidad.
Gracias por tu alegría.
Gracias por cada sonrisa.
Gracias por ayudar a construir, literalmente y con tu propia vida, nuestra Casa de la Alegría.
Quienes compartimos contigo sentimos profundamente tu ausencia, pero también sentimos una enorme gratitud por haber tenido el privilegio de caminar contigo.
Hoy te confiamos a la misericordia de Dios y pedimos al Señor que conceda consuelo y fortaleza a tu familia y a todas las personas que te aman.
Y a nosotros nos queda una responsabilidad.
Seguir sembrando.
Seguir acompañando.
Seguir formando jóvenes.
Seguir sirviendo.
Y procurar que nunca falte la alegría en esta casa que también ayudaste a construir.
Descansa en paz, Jordy.
Gracias por tu sí. Gracias por tu servicio. Gracias por tu vida.