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Gracias, P. Héctor: 50 años de fidelidad, entrega y amor a los jóvenes

13 de septiembre de 2026
Gracias, P. Héctor: 50 años de fidelidad, entrega y amor a los jóvenes

Con profunda gratitud, nuestra comunidad celebró los 50 años de vida sacerdotal del P. Héctor Hernández, SDB, uno de los pioneros de la presencia salesiana en Pérez Zeledón. La Eucaristía, presidida por Mons. Juan Miguel, reunió a jóvenes, familias y amigos para agradecer una vida entregada a Dios, a la Iglesia y a la misión de Don Bosco.

Gracias, P. Héctor: 50 años de fidelidad, entrega y amor a los jóvenes

Hay días que se celebran y hay días que, sobre todo, se agradecen.

Este domingo 13 de septiembre, nuestra comunidad del Centro Don Bosco se reunió con especial cariño para dar gracias a Dios por los 50 años de vida sacerdotal del P. Héctor Hernández, SDB, una vida marcada por la fidelidad, el servicio y el amor a la misión salesiana.

La celebración tuvo como centro la Eucaristía, presidida por Mons. Juan Miguel y concelebrada por el P. Héctor Hernández, SDB, el P. Erick González, SDB, y el P. Jean Paul Bethancourt, SDB. Niños, jóvenes, familias, antiguos miembros de la comunidad y amigos acompañaron una jornada que tuvo un significado muy especial para esta Casa de Don Bosco.

La comunidad recibió la Palabra de Dios y participó de la Eucaristía de acción de gracias por los 50 años de sacerdocio del P. Héctor.

En su homilía, Mons. Juan Miguel centró su reflexión en una de las exigencias más profundas de la vida cristiana: el perdón. A partir del Evangelio, recordó que seguir a Jesús significa aprender también a perdonar como Él nos perdona.

“Un cristiano en medio del mundo está llamado a perdonar siempre.”

Recordó además que la misericordia de Dios no se agota y que cada vez que volvemos a Él encontramos nuevamente su amor:

“Cada vez que nos acercamos al Señor a pedir perdón por nuestros pecados, vamos a recibir el perdón del Señor. Él nunca, nunca nos va a decir: ‘Hoy no te perdono’.”

Fue una invitación a mirar la propia vida, reconocer las heridas que todavía necesitan reconciliación y permitir que el amor de Dios transforme nuestro corazón.

La Eucaristía fue el corazón de una jornada de gratitud, fe y memoria salesiana.

Pero este domingo también permitió volver la mirada hacia nuestra propia historia.

Hablar del P. Héctor en Pérez Zeledón es hablar de los primeros pasos de la presencia salesiana en nuestra zona. Fue uno de aquellos salesianos que llegaron cuando esta obra apenas comenzaba a echar raíces y que ayudaron a traer a nuestra comunidad la espiritualidad, la alegría y el modo de acompañar a los jóvenes heredado de San Juan Bosco.

Mucho de lo que hoy vivimos en el Centro Don Bosco comenzó con personas que aceptaron venir, servir, caminar junto a la comunidad y sembrar aun cuando todavía no podían ver todo lo que aquella semilla llegaría a producir.

Don Bosco sigue acompañando una historia que, generación tras generación, continúa viva entre nuestros jóvenes.

Antes de concluir la celebración, Mons. Juan Miguel dirigió unas palabras especialmente cariñosas al P. Héctor. Recordó sus años de servicio, su recorrido por las comunidades de la diócesis y aquella misión realizada llevando esperanza, cercanía y el espíritu salesiano.

Sus palabras resumieron el significado de este aniversario:

“Hoy, después de tantos años, pedimos a Dios por su vida, para que le siga dando salud. ¡Qué bendición! 50 años de entrega, y aquí está.”

Y añadió una imagen todavía más sencilla y profunda sobre la fidelidad de una vocación que continúa después de medio siglo:

“Aquí está diciéndole al Señor: ‘Aquí estoy, hasta que Él quiera’.”

Cincuenta años.

Cincuenta años diciendo sí en circunstancias distintas, entre comunidades diferentes, con alegrías, dificultades, cambios y nuevos desafíos. Cincuenta años en los que aquel primer sí al sacerdocio ha debido renovarse una y otra vez.

Por eso esta celebración no fue únicamente un homenaje al pasado. Fue también una oportunidad para reconocer todo lo que una vida entregada puede ir dejando en el camino.

Los niños y jóvenes estuvieron muy presentes en una celebración que unió la historia de la obra con las nuevas generaciones.

Al dirigirse a la comunidad, el propio P. Héctor volvió precisamente la mirada hacia ellos.

Animó a los niños y jóvenes a continuar creciendo, a mantenerse cerca del Señor y a valorar aquello que reciben dentro de la experiencia salesiana y de las enseñanzas de Don Bosco.

Y cerró sus palabras con un mensaje que mira hacia adelante:

“Muchísimas gracias y a seguir creciendo en el conocimiento de sí mismos, de Dios, de nuestro Señor Jesucristo.”

Quizá allí se encuentre uno de los frutos más hermosos de estos 50 años.

Quien lleva muchos años caminando no pide que todos se queden mirando hacia atrás. Invita a los que vienen detrás a continuar el camino.

Distintas generaciones se reunieron alrededor del P. Héctor para celebrar una historia que continúa escribiéndose.

Hoy los frutos de aquella misión tienen muchos rostros.

Están en los niños que llegan por primera vez al Centro Don Bosco. En los adolescentes que encuentran aquí un lugar donde sentirse parte de algo. En los jóvenes que descubren su capacidad de servir. En los animadores que un día fueron acompañados y ahora acompañan a otros. En las familias que siguen haciendo suyo este lugar.

Y están también en esos momentos en que una comunidad entera puede reunirse alrededor de uno de sus sacerdotes y decirle, sencillamente: gracias.

Gracias, P. Héctor, por estos 50 años de vida sacerdotal.

Gracias por haber formado parte de los primeros pasos de la presencia salesiana en Pérez Zeledón.

Gracias por las comunidades recorridas, por las personas acompañadas, por la Palabra anunciada y por todo aquello que quizá nunca llegará a quedar escrito, pero permanece en la vida de quienes encontraron a Dios a través de su ministerio.

Después de la Eucaristía, la fiesta continuó con el mariachi y con las actividades de nuestra Tarde Patriótica. La música, los bailes, los juegos tradicionales y la convivencia llenaron nuevamente el Centro Don Bosco de aquello que también caracteriza a una casa salesiana: familia y alegría.

La celebración continuó con música y alegría, en el ambiente familiar propio de nuestra Casa de Don Bosco.

Al concluir esta jornada, nuestra oración es también sencilla.

Que Dios siga bendiciendo al P. Héctor, le conceda salud y fortaleza y le permita continuar viviendo con alegría esa respuesta que, después de 50 años, sigue teniendo el mismo sentido:

“Aquí estoy, hasta que Él quiera.”

Que María Auxiliadora lo acompañe siempre y que San Juan Bosco continúe guiando sus pasos.

¡Felicidades, P. Héctor! Gracias por estos 50 años de fidelidad y entrega. Esta siempre será también su Casa de Don Bosco.