
Celebramos los 40 años del P. Jean Paul con fe, gratitud y alegría salesiana

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Con adoración eucarística, una emotiva homilía y una fiesta llena de cariño y alegría salesiana, nuestra comunidad celebró los 40 años del P. Jean Paul Bethancourt.
El jueves 8 de octubre vivimos una noche muy especial en el Centro Don Bosco de Pérez Zeledón. Nos reunimos como familia salesiana para celebrar los 40 años de vida de nuestro querido P. Jean Paul Bethancourt, SDB, y agradecer a Dios por el regalo de su presencia entre nosotros.
Fue una celebración en la que no faltaron las sonrisas, los abrazos, los regalos, el pastel y hasta una alegre serenata de mariachi. Pero, fieles a nuestra identidad salesiana, comenzamos poniendo en el centro de nuestra fiesta a quien da sentido a nuestra vida y misión: Jesús Eucaristía.
Un cumpleaños que comenzó en oración
La jornada inició con un momento de adoración eucarística, durante el cual el P. Jean Paul nos invitó a entregar nuestra vida al Señor y a orar especialmente por las vocaciones.

"Entreguémosle también nuestra vida a Dios, pidiendo por todos los jóvenes, para que logren decirle sí al Señor", expresó durante este momento de oración.
Su mirada se dirigió también hacia la historia de nuestra casa. Recordó con cariño y gratitud a tantos hermanos salesianos que, a lo largo de los años, han dejado su huella en el Centro Don Bosco. Entre ellos, al P. Héctor Hernández, al P. Ángel Prado, al P. Alex Figueroa y a muchos otros sacerdotes, hermanos, diáconos y prenovicios que han acompañado nuestra misión.
También encomendó al Señor a los hermanos que ya partieron a la Casa del Padre, recordando especialmente al P. Miguel Cano, al P. Sixto Flores, al P. Fernando Carranza y al P. Manuel Alejandro Urízar Meckler, agradeciendo sus vidas y su entrega al servicio de la misión salesiana.
De manera particular, pidió por la salud del P. Julio Andrés Navarro Mora, Inspector de los Salesianos de Don Bosco en Centroamérica, y por los hermanos que integran el Consejo Inspectorial, quienes tienen la responsabilidad de acompañar, discernir y orientar la vida de la Congregación en nuestra región.
Fue una oración llena de memoria y agradecimiento que nos recordó que nuestra Casa de Don Bosco no es solamente un lugar, sino una historia construida por muchas vocaciones, por manos generosas y por corazones que han entregado su vida al servicio de Dios y de la juventud.

Una Eucaristía llena de gratitud y espíritu de familia
Posteriormente celebramos la Santa Eucaristía, presidida por el P. Jean Paul y concelebrada por el P. René Antonio Santos González, SDB, Vicario Inspectorial; el P. Marcelo Navarrete, SDB, responsable de la animación vocacional salesiana en Centroamérica; y el Pbro. Jesús Rafael Zúñiga Umaña, de nuestra Diócesis de San Isidro.

Desde el inicio de la homilía, el P. Jean Paul dejó ver la emoción que sentía al encontrarse rodeado de tantas personas queridas. Con la espontaneidad y el buen humor que lo caracterizan, confesó que estaba nervioso, pero profundamente feliz y agradecido por la presencia de todos.
Y fue precisamente desde ese agradecimiento que compartió uno de los mensajes más bonitos de la noche.
El regalo más valioso es nuestro tiempo
Al reflexionar sobre los obsequios que suelen acompañar un cumpleaños, el P. Jean Paul nos recordó que hay algo mucho más valioso que cualquier regalo material.
"Lo que más aprecio de una persona es el tiempo".
Reconoció el esfuerzo que muchos habían hecho para estar presentes, a pesar de la lluvia, el tráfico, las dificultades para encontrar estacionamiento y las ocupaciones de cada uno.
Cada persona que decidió acompañarlo le había entregado algo que no se puede comprar ni recuperar: una parte de su tiempo.
Sus palabras nos invitaron a reconocer el valor de estar presentes en la vida de los demás, de compartir, de escucharnos y de construir recuerdos juntos.
Es también una hermosa expresión de la espiritualidad de Don Bosco, quien comprendió que acompañar a los jóvenes comienza por estar cerca de ellos, dedicarles tiempo y hacerles sentir que son importantes y queridos.
Dos regalos para llevar en el corazón
En lugar de limitarse a recibir obsequios, el P. Jean Paul quiso regalarnos algo que pudiéramos llevar a nuestra vida cotidiana.
Compartió con la comunidad la oración al Espíritu Santo atribuida al cardenal Verdier, invitándonos a pedir su luz antes de tomar decisiones, iniciar un trabajo, enfrentar una dificultad o mantener una conversación importante.
Nos recordó que muchas veces no sabemos qué pedirle a Dios y que necesitamos dejarnos orientar por el Espíritu Santo para descubrir lo que verdaderamente necesitamos.
Su segundo regalo fue una invitación a orar por los sacerdotes y por las vocaciones religiosas y sacerdotales.
Con especial cercanía, reconoció la labor del P. Marcelo Navarrete y del Pbro. Jesús Rafael Zúñiga Umaña en el acompañamiento vocacional. También nos hizo reflexionar sobre una realidad que merece nuestra atención: la necesidad de nuevas vocaciones para continuar acompañando a las comunidades cristianas.
Nos invitó a pensar en el futuro, en quiénes estarán para celebrar los sacramentos, acompañar a los enfermos, escuchar en la confesión y compartir la fe con las próximas generaciones.
Por eso, pidió que no olvidemos a nuestros sacerdotes en la oración y que enseñemos también a nuestras familias a rezar por ellos.
Juntos compartimos la oración de Santa Teresita del Niño Jesús por los sacerdotes, encomendando al Señor a quienes nos han acompañado en nuestra vida de fe.
Más que dos recuerdos de cumpleaños, el padre quiso dejarnos dos herramientas espirituales para nuestro camino: pedir siempre la guía del Espíritu Santo y sostener con nuestra oración a quienes han entregado su vida al servicio de Dios.
"Gracias, Señor, por mi presente"
Uno de los momentos más emotivos de la homilía llegó cuando el P. Jean Paul compartió una reflexión nacida de sus recientes ejercicios espirituales.
Habló sobre la incertidumbre del futuro y sobre cómo, muchas veces, nos preocupamos por lo que vendrá sin detenernos a valorar lo que Dios nos regala hoy.

Reconoció que no sabe exactamente qué le deparará el próximo año, pero que nada puede quitarle el cariño recibido ni los momentos compartidos con tantas personas a lo largo de su camino.
Recordó las celebraciones, los sacramentos, los encuentros, las comidas compartidas, las conversaciones, los cantos y las alegrías que han ido construyendo su historia con nuestra comunidad.
Y entonces nos invitó a repetir una sencilla pero profunda oración:
"Gracias, Señor, por mi presente".
Una frase que resonó de manera especial aquella noche y que nos invitó a mirar nuestra propia vida con otros ojos.
Aun en medio de las preocupaciones y dificultades, siempre tenemos motivos para agradecer. El futuro traerá sus propios desafíos, pero el amor que compartimos hoy, las personas que nos acompañan y los momentos que vivimos son regalos que merecen ser reconocidos.
El P. Jean Paul expresó su cariño a la comunidad, a su familia y, de manera muy especial, a su hermana, a quien dedicó palabras llenas de amor y orgullo.
También tuvo un gesto profundamente significativo al agradecer a doña Lilliana Halder Picado, recordando con cariño su generosidad y el papel que tuvo en los orígenes de nuestra casa salesiana.
En medio de la celebración de su propia vida, encontró espacio para reconocer la vida y la entrega de quienes han hecho posible esta obra.
Que ningún joven se sienta fuera de esta casa
Antes de concluir, el P. Jean Paul volvió a poner su mirada en quienes ocupan un lugar privilegiado en el corazón de Don Bosco: nuestros niños y jóvenes.

En su oración final, agradeció por los muchachos del Centro Don Bosco, por los integrantes del Movimiento Juvenil Salesiano y, de manera muy especial, por quienes participan de nuestro Oratorio.
Pidió por aquellos jóvenes que se sienten alejados de la Iglesia o que todavía no han encontrado un lugar donde vivir su fe con confianza y alegría.
Sus palabras reafirmaron una de las misiones más importantes de nuestra casa: que cada niño y joven pueda encontrar aquí un espacio donde jugar, compartir, rezar, hacer amigos y sentirse acogido.
Así, una celebración de cumpleaños nos llevó nuevamente al corazón de nuestra misión salesiana: salir al encuentro de los jóvenes, especialmente de quienes más necesitan cercanía, acompañamiento y esperanza.
¡Y llegó la fiesta! Regalos, pastel, mariachi y mucho cariño
Después de una Eucaristía llena de gratitud y emociones, llegó el momento de celebrar con toda la alegría que caracteriza a nuestra familia salesiana.
La comunidad preparó distintos obsequios para el cumpleañero, compartimos un delicioso pastel y disfrutamos de una alegre serenata de mariachi que llenó el ambiente de música, sonrisas y entusiasmo.

Fue uno de esos momentos en los que nuestra Casa de Don Bosco se siente verdaderamente como un hogar, donde todos podemos compartir con sencillez y cariño.
Entre felicitaciones, abrazos y muestras de afecto, también hubo un espacio para que quienes lo desearan pudieran acercarse al P. Jean Paul, saludarlo personalmente, compartir unas palabras y tomarse una fotografía con él como recuerdo de esta celebración.
Cada gesto fue una manera de agradecerle su cercanía, su acompañamiento y su entrega a nuestra comunidad.
Porque en una casa salesiana, la alegría también es una forma de expresar el amor.
Una celebración que también se convirtió en solidaridad
Y como tantas veces sucede en nuestra comunidad, la fiesta también fue una oportunidad para compartir y ayudar a los demás.
Durante la actividad, muchas personas y familias colaboraron participando de las ventas de comida organizadas a beneficio de nuestro Oratorio Nocturno, que cada jueves abre sus puertas para recibir a niños y jóvenes en un ambiente de juego, amistad, aprendizaje y alegría al estilo de Don Bosco.
En este espacio, los muchachos no solamente encuentran un lugar para divertirse y compartir con sus amigos. También son acompañados, aprenden valores y descubren que forman parte de una comunidad que los quiere.
Cada jueves, además, reciben una merienda que es posible gracias a la generosidad de las mismas personas que participan y colaboran con nuestras actividades.
Las ventas de comida que realizamos después de las misas y de otros encuentros nos ayudan a sostener esta misión.
Por eso, cada compra y cada colaboración tienen un significado especial: se convierten en una merienda compartida, en un espacio de encuentro y en una oportunidad para que nuestros jóvenes sigan creciendo en un ambiente sano, acogedor y lleno de esperanza.
Es una forma sencilla y concreta de hacer realidad el sueño de Don Bosco, recordándonos que cuando una comunidad se une y comparte lo que tiene, puede hacer mucho bien por sus jóvenes.
¡Feliz cumpleaños, P. Jean Paul!
Al terminar la noche, nos quedó algo más grande que el recuerdo de una bonita celebración.
Nos quedó la alegría de haber compartido como familia, la gratitud por la vida, la invitación a cuidar nuestras vocaciones y el compromiso de seguir construyendo una casa donde los jóvenes siempre encuentren abiertas las puertas y los corazones.
El P. Jean Paul nos recordó que el tiempo es uno de los regalos más valiosos que podemos ofrecer. Y esa noche, nuestra comunidad quiso regalarle precisamente eso: tiempo, presencia, cariño y oración.
Gracias, P. Jean Paul, por compartir su vida y su vocación con nosotros. Gracias por acompañarnos en la fe, por caminar junto a nuestros jóvenes y por ayudarnos a mantener viva la alegría de Don Bosco en Pérez Zeledón.
Que el Señor continúe bendiciendo su vida, fortaleciendo su vocación y regalándole muchos años más de salud, alegría y servicio. Que María Auxiliadora lo acompañe siempre y lo siga guiando en su misión.
Y que todos, al recordar esta hermosa celebración, podamos repetir con un corazón agradecido aquella oración que nos regaló:
¡Gracias, Señor, por mi presente!
¡Feliz cumpleaños, querido P. Jean Paul! Con mucho cariño, su familia del Centro Don Bosco.
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